Lo que le está pasando a Puerto Rico

Courtesy of Juan F Rosado Del Ríos

“Quieren quitarme el río, y también la playa, quieren el barrio mío, y que abuelita se vaya.” 

Entre el reggaetón, la salsa y todas las buenas vibras del álbum más reciente de Bad Bunny DeBÍ TiRAR MáS FOToS, este verso y la canción que lo contiene, “LO QUE LE PASÓ A HAWAii,” se sienten muy distinto al resto del álbum. De lo que habla Benito en la canción son problemas reales que enfrenta Puerto Rico, desde la privatización ilegal de las playas al desalojamiento de puertorriqueños en nombre del desarrollo económico. Desarrollos turísticos como el Proyecto Esencia y la historia del desalojamiento de Doña Ramona Cruz Sanabria demuestran que lo que canta Bad Bunny no es dramatización ni exageración, es la realidad de lo que está pasando en Puerto Rico. Estas realidades no son solo tristes, sino también ilegales, y el pueblo puertorriqueño debe unirse y alzar su voz en contra de estas injusticias si desean un futuro en cual puedan vivir y prosperar en su propio archipiélago.

El pasado 22 de enero, una doñita quien llevaba viviendo toda su vida frente a la playa en Aguadilla fue forzada a desalojar su casa. Ramona Cruz Sanabria, la señora de 78 años, recibió un orden de desalojamiento que declaraba que para el 10 de febrero tendría que desalojar su propiedad en Aguadilla para que la compañía Playa India pueda lucrarse de su propiedad frente al mar. A pesar de que fue un tribunal que decidió a favor de Playa India en su lucha contra Doña Ramona, el desalojamiento de la Señora Cruz Sanabria fue ilegal. Según el Artículo 788 del Código Civil de Puerto Rico de 2020, una persona no necesita un título para reclamar una propiedad si han pasado “veinte (20) años sin necesidad de título ni buena fe.” Según Doña Ramona, su familia había vivido en el terreno del cual la forzaron a desalojar por 140 años. Sin embargo, el tribunal decidió que se tenía que desalojar a pesar del argumento presentado por la defensa. La historia de Doña Ramona es trágica y un ejemplo de cómo las letras de Benito no son ficticias ni una exageración, sino una descripción de lo que verdaderamente está pasando en Puerto Rico. Sí hay quienes quieren “que abuelita se vaya” para que intereses privados se lucren de sus hogares en donde habían vivido todas sus vidas. Aún así, Puerto Rico está amenazado por intereses privados mucho más amenazantes que Playa India que buscan privatizar playas de manera ilegal a gran escala.

Desde 1972, las playas en Puerto Rico han sido públicas gracias a la Ley Núm. 23, titulada “Ley Orgánica del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales.” Esta ley ha permitido que todos en Puerto Rico puedan disfrutar de la belleza natural del archipiélago y simultáneamente ha protegido el medio ambiente de desarrollo frente al agua que pueda negativamente impactar el hábitat costero. Según Primera Hora, hay aproximadamente 1,200 playas en Puerto Rico que, bajo esa ley, se supone que son públicas. A pesar de esa ley, una enmienda propuesta para la Ley Número 23 de 1972 amenaza este acceso, debido a que busca disminuir el área costera en donde está prohibido construir edificaciones. Aunque la cámara de representantes haya aprobado la enmienda, tiene que ahora pasar al senado y luego al escritorio de la gobernadora para que se enmiende oficialmente la ley. La privatización de playas sigue siendo ilegal, pero esto no ha parado nuevos esfuerzos para privatizar playas en nombre de desarrollo económico. El más reciente y más amenazador ejemplo de esto se puede ver en Cabo Rojo.

El pasado 24 de diciembre, en Nochebuena, la Oficina de Gerencia de Permisos (OGPe) de Puerto Rico aprobó los permisos ambientales para un megaproyecto en el suroeste de la isla titulado el Proyecto Esencia. Este proyecto ha causado preocupación sobre posibles aumentos en costos de vivir en Cabo Rojo. Los inversionistas esperan desarrollar 2,000 acres de naturaleza casi virgen para construir, según la Declaración de Impacto Ambiental Final de noviembre de 2025, el proponente planifica desarrollar un área total de aproximadamente 1,504 acres. Este programa de construcción oficial contempla 530 unidades de hotel, 1,132 residencias turísticas unifamiliares y multifamiliares, una escuela con 500 dormitorios para estudiantes, áreas recreativas, dos campos de golf, áreas de servicios médicos, áreas comerciales y de entretenimiento, y áreas de servicio e infraestructura. La OGPe aprobó los permisos ambientales a pesar de que el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) había advertido que Esencia impactaría de manera negativa dos especies de pájaros en peligro de extinción que habitan el área de desarrollo. Además, aunque no se tiene planificado construir nada sobre la Zona Marítimo Terrestre, el área en la cual está prohibido construir, el área entre la calle y la costa sería bloqueada que, efectivamente, haría la playa privada. Por esta razón, y según los estudios que había hecho el DRNA, el Proyecto Esencia nunca debería haber sido aprobado por la OGPe. Aunque a los desarrolladores del Proyecto Esencia le quedan varias barreras para sobrepasar, con la aprobación de los permisos ambientales, quedan más cerca a realizar el proyecto; un proyecto que amenaza desestabilizar la comunidad y el medioambiente caborrojeño.

La aceleración en desarrollo para turistas, sin desarrollo enfocado en mejorar la vida de los puertorriqueños, pone en riesgo que los intereses de los puertorriqueños se abrumen por esos de turistas y intereses extranjeros. Cuando el pueblo pierde frente a estos intereses, causa desespero y surge una pregunta inevitable: ¿realmente les importa a los políticos defender a quienes los eligieron? Sin embargo, no todos los políticos del archipiélago son iguales. Hay algunos que verdaderamente trabajan en el interés del pueblo puertorriqueño y, cuando es evidente que el pueblo está en contra de algo, están dispuestos a tomar acción para defender sus intereses. A veces, el pueblo puertorriqueño tiene que unir su voz en un gran estruendo abrumador para que les hagan caso. Toma mucho esfuerzo, pero juntos, es posible, y cuando está en riesgo que nos “quiten la playa” y que “abuelita se vaya,” tenemos que unirnos para que nuestros representantes nos escuchen y que no perdamos el país que tanto amamos.


Juan F Rosado Del Ríos (CC ‘29) is a Staff Writer studying Sociology and Latin American & Caribbean Studies. He is interested in Puerto Rican politics and the effects of American colonialism throughout Latin America.

Edited by Alessandra Diaz

Next
Next

Bukele’s Broken Revolution